Fraseos en Convenientland


Last day at the circus
febrero 7, 2012, 10:40 pm
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Corrió en línea recta, ágil y alegre, seguro de que la angustia quedaba allí, enfriándose sobre la negra tierra roturada. La gran noche incomprensible y secreta venía veloz en su busca y se deslizaba bajo su cuerpo incansable. Ahora los pies golpeaban locamente en el pasto humedecido, atrayendo vertiginosamente el ombú junto al pozo. Corrió unos metros en arco y tomó a la derecha, arrastrando la larga sombra de luna que acababa de nacerle. El cansancio le sacudía feroz el pecho, abriéndole los labios entre los dientes apretados; pero siguió corriendo, corriendo, apilando minutos y metros, como si aquella felicidad salvaje que se le había aparecido bruscamente lo llevara veloz de la mano, hendiendo la noche de hielo

(J.C.O.- El obstáculo)



La trituradora de papel
febrero 7, 2012, 10:35 pm
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Por alguna razón me decidí a comprar el dichoso aparato nada más llegar a Convenientland. Lo heredé de la anterior inquilina de mi apartamento por un módico precio, cediendo a los miedos infundados por el departamento de interior sobre los casos de apropiación indebida de identidad y demás delitos informáticos. Luego pensé que teniendo una chimenea, para qué cojones quería yo una trituradora de papel. Hoy me dispongo a deshacerme del glotón electrodoméstico (electroburocrático) tras dos años de absoluto abandono y hambruna. Un anuncio en el portal más importante de clasificados del país, y otro en el boletín interno de El Circo en el que incluyo todas mis pertenencias prescindibles y mobiliario. Dos semanas publicitando mi desapego por estos objetos, y nadie del mundo exterior muestra interés por la trituradora. Cinco días en el tablón de anuncios del Circo, y casi tengo que subastarla al mejor postor.

Menudo atracón debe estar dándose la maquinita

 



(III)
noviembre 2, 2011, 4:56 am
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Los dos rostros sonrientes precedieron al resto de sus cuerpos al irrumpir en la estancia. Los nudillos, que no fueron usados para anunciar la invasión, me fueron ofrecidos como cordial preámbulo a la terapia no solicitada. Estuco de emergencia para revestir las huellas del hastío y la desidia, y enseguida mi mente, impermeable a los introductorios agasajos, repasa en silencio los posibles escenarios y propósitos de la incursión de ambas mujeres. Si nadie les dijo, probablemente ya adivinaron en mi escaso entusiasmo el avanzado estado de la enfermedad.

Mientras el intrascendente parloteo continúa, docenas de vaticinios, todos tocados en clave de tragedia o humillación, saltan desde las profundidades de un miedo casi olvidado.  Ninguno el acertado. En su lugar, la ofrenda de la continuación.  La viva e inesperada prueba de que el todo, cuanto más todo, más se afana en no perder a la parte. Como un miembro gangrenado y supurante que, aun a riesgo de infectar el resto de la carne, se intenta salvar para librar al cuerpo de la indignidad del muñón.

Sin dejar de mostrar agradecimiento y cortesía, decidí allí mismo amputarme en todo mi ser con gran estruendo de sangre y huesos astillados.



(II)
noviembre 2, 2011, 4:43 am
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Hoy no compro. No compro el arrepentimiento ni la ausencia. Ni un céntimo por millares ingastables, ni por retratos ecuestres colgados de la solapa. Que vengan otros a poblar el credo sollozante de la mentira a medias. Que se queden con el acero y el cristal. Aquí no hay comprador para interminables bailes de letras ni amistades de café a las seis.

Hoy no vendo. No vendo el anhelo de lo imposible ni el roce de una certeza. No acepto justiprecio por renunciar al diálogo con el azul.  No habrá embargo de noches ni demencia postergada. Aquí se quedan el quién sabe y el Dios dirá. Hoy no se ofrecen cenizas de voluntad ni cadáveres imberbes.

Hoy no hay trato. No esta vez.



(I)
octubre 30, 2011, 2:51 am
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Llevaba más de dos meses arrastrando mi indiferencia por los pasillos de la siniestra décima planta. Una indiferencia forjada en el sumo sacerdocio de la apostasía y el remordimiento. Como un gris destemplado de lluvia recia, tan extemporánea como la angustia de cualquier vigilia, la efigie de mi cada vez más delgado tronco se apoltronaba sin peso sobre el sillón giratorio. Las falanges desatendían el duro azote de una conciencia casi enterrada, derogando una a una las caducas directrices de un régimen anterior que ahora se negaban a ejecutar. Segundos y minutos agolpados sin rostro ni verdad se escapaban a cada gota de exhalación, ayudando a diluir el putrefacto hedor de la soledad buscada. Venida a menos por el peso de la cordura, mi torpe imaginación no acertaba a caer desnuda sobre la pérfida pantalla de colores infinitos.

Sin previo aviso ni concierto, sin notificación documental pertinente, la puerta del despacho se abrió…



Sacerdotisas de cubículo
septiembre 7, 2011, 5:30 am
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El cubículo. Esa obra de ingeniería del diseño de interiores funcional, capaz de cobijar momentos de privacidad con tus sueños extracurriculares, a la vez que dota a la oficina de infinita flexibilidad para configurar espacios. Para muchos, máxima expresión de la infamia postindustrial y símbolo de esclavitud moderna. Para otros, indiscutible línea divisoria de los estamentos de poder dentro de la organización corporativa. No así en las dependencias del BM.

En el BM, los cubículos son de uso exclusivo para una distinguida y poderosa aristocracia. Mujeres en su inmensa mayoría, de mediana edad en su práctica totalidad, el cuerpo de técnicos administrativos es más que un mero brazo ejecutor de órdenes externas. Gozan de grandes beneficios no estipulados por vía contractual, y por ser esposas, hermanas y amantes de altos cargos dentro de la organización, acceden a información privilegiada a la que ya quisieran hincarle el diente los periodistas del Convenientland Today.

A diferencia de sus esposos, no gozan del privilegio de un espacioso despacho con ventanales donde llevar a cabo sus planes de dominación. Ni falta que les hace, puesto que la ventaja de hablar su propio idioma las exime de la necesidad de conspirar a puerta cerrada. En efecto,  como si de una orden sacerdotal cabalística se tratara,  sus esmaltadas uñas teclean a diario los indescifrables códigos de acceso a un sistema que nadie más entiende. Entre ellas se establecen telequinéticas conversaciones a base de miradas, guiños, gestos de complicidad, y cuando entablan conversación a través del discurso oral, lo hacen por medio de ininteligibles acrónimos y jerga financiera. Aunque entre ellas también existe una cierta organización piramidal, lo cierto es que todas se hacen valer de un respeto y misterio fácilmente perceptible desde el primer momento.

A veces, seguramente como fruto del delirio que pueden llegar a causar las hojas de Excel, me pregunto si esta selecta aristocracia trasciende los meros flujos de información confidencial, para convertirse en un auténtico foro de poder alternativo a través del ocultismo. Muchos son los indicios. La quincalla de corte religioso, las plantas aromáticas o las fotos de supuestos parientes que recubren las frías planchas de pladur dotan a sus cubículos de un aspecto casi litúrgico, lo cual contrasta con la sobriedad de la mayoría de despachos (incluso los ocupados por amantísimas madres de familia). Desaparecen juntas a la hora de la comida, pero nunca se dejan ver en la cantina del edificio. Aparentemente, sólo a ellas se les concede el derecho (u obligación, según se mire) de traer a la oficina comida casera para compartir con los compañeros en ocasiones especiales. Aterrorizan a becarios y consultores, pero se ganan el favor y el respeto de mandamases como por arte de hechizo.

Sin embargo, el hecho más significativo ocurrió el día que me presenté en la oficina cargado con una enorme planta para decorar mi sombrío despacho. De inmediato saltaron a la estancia con un fingido interés por la especie en cuestión. Me dieron recomendaciones que seguí al pie de la letra para mantenerla vigorosa (la planta, digo). La cambié con frecuencia de lugar para que recibiera la mayor cantidad de luz posible, podé las ramas crecidas en exceso y por supuesto la regué según lo recomendado para una Phildendron Scandens. Nada. A las pocas semanas, seca como la mojama y a la basura. El mensaje me quedó claro. Al día siguiente cumplía 31 años, y para asegurarme de que llegaría a los 32, nada más llegar a casa me zampé yo solo los brownies que pensaba llevar a la oficina como festejo.



A ti
agosto 3, 2011, 3:25 am
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Hoy mi gratitud trasciende el primer regalo que  recibí de tí

Porque el paso de los años te aleja cada vez más de ese desánimo enquistado

que sufren las cabezas nevadas y muchas de las aún en primavera

Viajando en dirección contraria a la que marcan los biorritmos

Levantado los muros de tu pequeña Valhalla

desde donde sigues gestando tu resistencia

Una resistencia serena, sin odio, pero valiente

Y allí, desde tu retiro monástico

te has reencontrado con la sed de justicia y el hartazgo de lo mediocre

¿Cuándo lanzarás tu ataque definitivo con ese ejército de felinos sin hogar?

Mi gratitud trasciende hoy lo que heredé de tí

Desde la osamenta ligera, hasta el no saber decir no

pasando por la tendencia hacia las ensoñaciones quijotescas

Hoy todo eso queda a la sombra de lo que en verdad te debo

A ti, para quien el entusiasmo se esconde detrás de cada esquina,

A ti, que cuanta más fe en la humanidad pierdes, más amigos ganas

A ti, incansable guardiana de quienes no tienen culpa

Te lo debo todo (y “no me debes nada”, me dirás)

Pero hoy, ni el maldito FMI podría ayudarme a saldar esta deuda

Porque tú eres quien eres, y a los demás los encontré en la calle