Fraseos en Convenientland


Wordcount
febrero 5, 2011, 6:05 am
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El desaliño, cuando no forma parte de una meticulosa y consciente estrategia de autoafirmación identitaria, es un signo inequívoco de inadaptabilidad y malestar con el entorno. Rahid llegaba todos los días a la oficina con la camisa por fuera, los zapatos mal atados, la corbata manchada y una mirada huidiza que enseguida le delató. Podría haberse tratado simplemente de un burócrata lobotomizado más, con dos o tres duchas de menos y algo despistado, pero algo me decía que Rahid se creía aún menos que yo toda esta historia del BM. Dos o tres golpes de ratón, y Google me confirma que por los pasillos de mi unidad camina un gigante de dos metros con aspiraciones de escritor. Algunos datos no acababan de cuadrarme, sin embargo. Ni su tremenda estatura, ni la incipiente alopecia me hicieron pensar que se trataba de un chaval de tan sólo 23 años.

El tono en el que escribe me resulta  familiar, y no puedo evitar buscar símiles estilísticos con otros especímenes de la blogosfera. Los pocos detalles que revela sobre su vida privada dejan entrever una pasión enfermiza por la literatura, pero en ningún momento comparte piezas de su producción. Parece guardarla celosamente bajo siete llaves, y sólo los destinatarios en posición de ofrecerle retribución (monetaria o publicitaria) tienen el privilegio de leerle.  Es lo que hay que hacer si se pretende vivir de ello, supongo. Comentarista mordaz, crítico sustentado, y prolífico productor de frases lapidarias, Rahid responde a un perfil nada usual en el BM. Como es de esperar, su imaginario personal está lleno de referencias a la cultura friki: “Tiranosaurio Rex es un nombre inadecuado para una criatura, deberían haberlo llamado Ninja-Hitler Robozombie”. En su perfil público de Twitter se pregunta cómo es posible que los economic hitmen no se hayan presentado ya en la puerta de su despacho, y fantasea con echarse una siestecilla debajo del escritorio (“it looks so comfortable down there“).

Rahid es nacido en Convenientland, de padres indios. Su madre es profesora de políticas en la Universidad de Georgetown, y muy amiga de nuestro jefe en común, quien gentilmente se ofreció a  contratarle como su ayudante personal nada más acabar los estudios de economía. Su condición de anglófono le viene muy bien a nuestro jefe para cubrir sus carencias lingüísticas a la hora de redactar y tomar notas en reuniones, mientras que él lo ve como un trabajo fácil que le permite sacarse una buena pasta y viajar por toda Asia. Su presencia en el BM es todo un misterio para muchos de nuestros compañeros, quienes no muestran ninguna piedad a la hora de comentar su apariencia y total carencia de dotes sociales.

Prácticamente no he intercambiado con Rahid más palabras de las estrictamente necesarias. Todo lo que sé de él es a través de su alter ego pixelado. En alguna que otra ocasión tuve oportunidad de mostrarle un poco de empatía y curiosidad, pero mis maniobras fueron reprimidas con una implacable sobrecarga de evasivas. Supongo que mis preguntas fueron interpretadas como actos de espionaje tiburonesco, propios de los yuppies que poblamos estos pasillos. Me temo, no obstante, que ya no habrá más oportunidades para desenmascararle. Según escribo esto,  nuestro gigante indio se encuentra de camino a California, donde espera reencontrarse con su vida anterior y proseguir con su carrera de escritor.

De todos modos, nunca me fiaría de un tipo que contabiliza, promedia, y publica el número de palabras que escribe al día desde 2004, o que necesita mostrar a sus lectores la lista de 180 libros que ha leído en el último año. ¿Es esto lo que hacen en Convenientland con las mentes de sus ciudadanos brillantes?



Sun Ra lo sabía
enero 23, 2011, 4:03 am
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El talento  ajeno se admira y disfruta más cuando se accede a él a través de seres cercanos. Al fin y al cabo, el talento que consumimos en forma de discos, libros, exposiciones, etc., no es más que el resultado de un proceso creativo que en su mayoría nos es ajeno, por muy conocedores que nos creamos del artista en cuestión. Y cuando digo talento, no me refiero únicamente a la capacidad de transmitir elevadas emociones a través de algún formato artístico, sino también a esa sensibilidad particular e intuitiva con la que ciertos individuos perciben y comprenden el mundo. Si al final todo ese enjambre de emociones se cristaliza en un producto empaquetable y vendible, es lo de menos.

Formar parte de la vida de este tipo de personas ha sido y siempre será el motor de la mía propia. Pero durante muchos años, la cercanía a seres hipersensibles, creativos, inadaptados, incorformistas, rebeldes, y a veces pelín autodestructivos, me generó muchas dudas sobre mi propia naturaleza. Más que dudas, yo diría frustación, puesto que siempre supe que mi camino apuntaba en otra dirección. Lo que más me descolocaba de todo este asunto era la falta de bilateralidad en el aprendizaje. Es decir, yo era quien mantenía los ojos abiertos, aprendía y callaba, pensando que poco podía aportar al universo de mis complejos seres queridos. O al menos así lo creía yo.

Luego vino Sun Ra, y me enseñó que todo aquello que yo consideraba parte de una monótona vida de chico sano y responsable podía ser la pieza clave para una nueva etapa en la que por fin podía sentirme referencia en algo y, aún más importante, reavivar la las energías del  personal. La siguiente parábola, la cual solía formar parte de los aleccionamientos de Sun Ra a sus músicos, está dedicada a mis recientes y aplicados alumnos de natación.

A man was going across a river once on a ferry. He asked the ferryman “do you know any Biology?”

“No”, said the ferryman.

¨Then”, said the man, “you missed one-fourth of your life”. Pausing, he asked, “Do you know anything about Astronomy?”

“No”, said the ferryman.

“Then you have missed one-half of your life”

Then, again he asked a question: “Do you know anything about Mathematics?”

“No”, said the ferryman

“Then, you have missed three-fourths of your life”

Suddenly, the boat turned over. “Do you know anything about swimming?” shouted the ferryman.

“No”, said the man.

“Then”, retorted the ferryman, “you have missed all your life”.



By popular demand
diciembre 15, 2010, 5:48 am
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A continuación mi desvirgamiento con la Mayonceta (mayonesa+panceta), también conocida como Panzonesa, o por sus siglas en inglés YGBKM. Con todos ustedes, la BACONNAISE:

Dos memorables anécdotas rodearon el gran evento. La primera llegó en forma de confirmación electrónica de compra:

Thank you for your order!
This email confirms that your order was Shipped by J&D's Foods.
Soon everything will taste like bacon

La segunda denota que en Cuenca, en lo que a vanguardia tocinera se refiere,  están curados de espanto:

- Eva, mira la guarrada que han inventado estos yanquis

- ¡Coño!, pues tiene que estar bueno



¿Por qué lo llaman misión cuando quieren decir viaje de negocios?
diciembre 5, 2010, 8:08 pm
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El argot bulshiting de las instituciones internacionales cuenta con un término muy arraigado que en otros tiempos hubiera avivado aún más aquella ingénua quimera mía del economista-camel-trophy: las misiones. Aun siendo plenamente consicente de su verdadero significado, cuando escucho por los pasillos expresiones del tipo “mañana nos vamos de misión a Sierra Leona” no puedo dejar de pensar en aquellos coches amarillos saliendo de emponzoñados lodazales que tanto me fascinaban de pequeño. No veas si molaban. Supongo que aquella poderosa imagen me acompañó subconscientemente hasta la postadolescencia, cuando decidí que quería ser economista del desarrollo. Para empeorar las cosas, durante mi camino se cruzó algún que otro caso auténtico de Indiana Jones económico del que quise tomar ejemplo. Como aquel profesor de la Universidad de Oslo que nos contaba sus peripecias por la selva, desplazándose entre poblados del Cuzco para investigar sobre las causas de la falta de cooperación económica entre las pequeñas explotaciones agrícolas.

Años después, y unas cuantas etiquetas de anís del mono más, me dedico a demostrar que en Pakistán muere más gente por causa de la contaminación atmosférica que por las bombas y a recomendar acciones para paliar el problema, lo cual parece un fin bastante alineado con aquellla ingénua visión mía. Sin embargo, poca gente me cree cuando digo que nunca he visitado Pakistan o que jamás he intercambiado una palabra con personas directamente implicadas o responsables del problema. Es decir, hasta la fecha nunca me han mandado de misión. En mi lugar, toda una legión de trajes oscuros se apoltronan a diario en asientos de primera clase con el único fin de negociar los draconianos términos de préstamos y proyectos de inversión, bajo los cuales se auspician mis estudios. Ellos son los auténticos camel trophy, y en eso consisten básicamente sus misiones. Jornadas eternas en dependencias ministeriales y en hoteles de cinco estrellas, donde las discusiones se diluyen entre cifras, contratos de empresas concesionarias, condiciones de pago, etc. Lo que en mi pueblo se conoce como viajes de negocios.



Hubo un tiempo
noviembre 11, 2010, 5:12 am
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Hubo un tiempo en estas playas, mucho antes de que tú nacieras, pringaete bañista, en el que no se jugaba a los castillos de arena. Eran tiempos en los que la amenaza no se escondía en las cavernas de remotos desiertos, sino que nos apuntaba directamente con su arsenal balístico de larga distancia y sus ideas contra natura. Y es aquí donde, a base de pepinazo limpio, ensayábamos para defenderte a tí de los enemigos de la libertad. Eran buenos tiempos. Hasta que llegaron aquellos revoltosos con sus gritos y sus pinturas (bonito me dejaron), y decidieron que esta playa valía más por tus visitas que por nuestros juegos. Y mucho antes que tú, llegaron otros cientos de miles con sus barquitos de recreo, sus cámaras, su reggetón y sus cervezas para convertir mi jubilación en un verdadero infierno. Pero en el fondo sé que no me abandonaron aquí en vano.  A pesar de todas estas humillaciones, y a pesar de contribuir involuntariamente a revalorizar esta postal de vacaciones, me enorgullezco de seguir sirviendo a los grandes ideales, aunque sólo sea como recordatorio de lo que aquí aconteció. Así es la vida de un agente doble jubilado.

Playa Flamenco, Isla Culebra (Puelto Jico)



Los meaditos del Senior Economist
octubre 28, 2010, 4:37 pm
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Tanta corbata a juego con los zapatos. Tanta pompa autocomplaciente. Mucho doctorado en Harvacete y mucho suajili fluido. Que si tropecientos millones para infraestructura sanitaria por aquí, que si gestión sostenible de recusos hidrológicos por allá,… pero todavía no hemos aprendido a tirar de la cadena, cojones! Todos los putos días igual!



De conciencias y cobardías
octubre 20, 2010, 3:05 am
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Periodistas de tres al cuarto haciendo networking. Una exaltada candidata al Nobel de la Paz grita ocurrentes proclamas (¨life makes profit, profit does not make life!¨). Cuatro chóferes de limusina aburridos. Una mujer reparte hojas con los cánticos para la marcha (so conveninet!). Un encorbatado de dos metros con sus hijos. Su pobre discurso no convence. Una raspa de pescado gigante. Dos encapuchados están en contra de los beneficios. Ni rastro de los 75.000 manifestantes de 2002. Los habituales mendigos de la plaza nos observan. El edificio del BM nos da sombra. Una chica joven hace fotos. Un no tan joven economista sacia su curiosidad, pero no su mala conciencia. En su bolsillo, una acreditación del BM (por si carga la poli).



Natación, ascetas y petaetes
octubre 16, 2010, 1:42 pm
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Mucha gente me dice que es mi lado competitivo y un cierto compulsivo espíritu de superación lo que me lleva a pasarme horas en la piscina, sin más recompensa que un puñado de chapas y sendas muestras gratuitas de Gatorade. En gran parte es cierto, no lo niego, pero hay otras muchas razones. Algunas son de naturalza casi ascética, otras tienen que ver con la crisis de los treinta, y por último está la motivación más prosaica de todas: la de convertirme en un petaete.

La natación se ha revelado como una experiencia mística y mogollón de espiritual. Con los años me he dado cuenta de que un buen nadador no se hace a base de palizas diarias en la piscina, sino que la diferencia la marca una cierta conexión intangible con el agua, y la capacidad de controlar un medio tan hostil casi sin esfuerzo. También están los consabidos atributos aislantes y oxigenadores del agua, que junto con las propiedades narcóticas de ciertos niveles de cloro (muy frecuentes en las piscinas de Conveninentland), ayudan a olvidar por completo las sordideces de una vida dedicada al mal. Oh si nena, voy camino de convertieme en el primer anacoreta con gorro y gafas de plástico de la historia.

Y aprovechando que el Potomac pasa por Guashintón, de paso pongo en marcha mi experimento sociológico particular, para comprobar la hipótesis de que un cuerpo tonificado enaltece la autestima y mejora la vida social. Yo tengo mis dudas, pues creo que mi puntiaguda napia y mi torpe lenguaje corporal, fruto de años de inseguridad acumulada, harán una gran labor contrarrestando los efectos. En cualquier caso estaría muy bien verse envuelto en una de esas situaciones que gente como Sartre, Céline o Hesse narran en sus novelas: sentarte en la barra de un bar, acaparar todas las miradas y llevarte a todas las tías de calle, mientras que un enjuto y oscuro personaje, escondido tras sus aspiraciones literarias, te observa y te odia con todas sus fuerzas. Entonces, giraré mi tonificado torso hacia su mugrienta esquina y le devolveré la mirada para decirle sin palabras: ¨yo antes era como tú, chico”.



(Pre)parados….listos, ya!
octubre 7, 2010, 5:22 am
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Mi profesión cotiza hoy día bajo mínimos. Gritar a los cuatro vientos que eres economista nunca fue una gran estrategia para hacer amigos, sobre todo en ambientes progres, gafapastiles, bohemios o artísticos. Nunca tuve problemas con ello, y por regla general no he sentido reacciones adversas o juicios de valor infundados sobre mi persona por el mero hecho de haber elegido una profesión insípida para la mayoría de la población. Pero ahora, con esto de la crisis, la cosa ha cambiado. Por un lado,  los economistas hemos empezado a ocupar el papel del amigo informático y del cuñado médico, a quienes se acude en busca de consejo gratuito cuando se tiene problemas de sendas índoles. “¿Compro o vendo? ¿Traspaso el negocio o pido un préstamo? ¿Renta fija o variable?” En otras ocasiones, simplemente buscan una explicación digerible a todo este galimatías de cifras y reacciones en cadena con los que nos bombardean a diario en las noticias. Pero, desgraciadamente (y supongo que merecidamente), la economía como disciplina y profesión está perdiendo la poca credibilidad que le quedaba por su incapacidad de predecir y frenar esta sucesión de calamidades. No escasean los comentarios con sorna sobre la inutilidad de la economía como ciencia, y la necedad de los economistas como profesionales.

Lógicamente, mi condición de economista mediocre no me proporciona ni el estatus ni el ingenio para descifrar las claves de lo ocurrido, ni mucho menos de cómo superarlo. Si embargo mi afán por analizar y categorizar las porciones de realidad a que me enfrento en mi vida diaria (cualidades necesarias pero no suficientes para ser un buen economista) me ha inspirado para hacer un ejercicio retrospectivo de la crisis y clasificar las fases que hasta ahora hemos atravesado en España. No me baso ni en manuales de teoría económica ni en modelos econométricos. Tampoco indago en esta ocasión sobre las causas de la misma.  Es simplemente una interpretación básica de los hechos que me han llegado a través de la observación directa y la lectura de la prensa digital, una vez que andábamos metidos de llenos en el desastre. Todo ello aderezado, como no, con mi obsesión particular por el cortoplacismo como pecado original de la raza humana en general, y de los economistas y políticos en particular.

Fase financiera. Fue ésta la etapa de las “turbulencias financieras”, la restricción del crédito, la caída de la bolsa, y la contaminación de activos. Sarkozy llamaba a la refundación del capitalismo y Forges dibujaba en El País a un Karl Marx descojonándose mientras contemplaba la caída del sistema desde el más allá. Almudena Grandes, Maruja Torres, y demás compañeros mártires se regocijaban ante una crisis que parecía ser únicamente tema de banqueros e inmobiliarias. Todos nos alegramos de que los malos-malísimos las estuvieran pasando canutas, a pesar de que ya empezábamos a vislumbrar la que se nos venía encima. Era la etapa de cargarle las culpas a Convenientland y las “supraim”, la etapa de la “leve desaceleración económica”, y sobre todo la etapa de barrer la caca debajo de la alfombra antes de las elecciones. Yo mismo escribía en aquella época informes cuatrimestrales de coyuntura macroeconómica en los que también utilicé en más de una ocasión la palabra desaceleración. El miedo no era todavía el sentimiento imperante, excepto por la leve posibilidad de que la quiebra del sistema bancario acabara con los ahorros de toda una vida. Nos indignábamos por las inyecciones de dinero suministradas a los Bancos, pero nos alegramos de poder seguir sacando pasta de los cajeros.

Fase macroeconómica. Ésta es la fase de las cifras. La caída del PIB y los primeros picotazos de la tasa de paro. Los índices de confianza del consumidor, la inversión privada, el índice de producción industrial. Es también la fase de la bancarrota de las principales constructoras e inmobiliarias. Miles de personas pierden sus empleos, sobre todo en la construcción y sectores directamente relacionados. El Gobierno hace uso de todo el margen de maniobra presupuestario y se lanza a aprobar los famosos fondos de inversión local para mantener artificial y temporalmente un puñado de empleos en la construcción, así como medidas de protección social adicionales. El gasto social comprometido durante las vacas gordas (incluyendo el progresivo cheque-bebé) no será bajo ningún concepto recortado. Sin embargo, se invita cordialmente a la población inmigrante a abandonar España previo abono de golpe de la prestación de empleo devengada. Los medios van adquiriendo poco a poco un discurso apocalíptico, pero parece que después de la banca, las inmobiliarias, y los obreruchos, los demás seguimos a salvo.  Las cifras siguen inundando el papel y las pantallas, pero raramente se pone rostro a la tragedia.

Fase presupuestaria. Aunque el gasto público es evidentemente una de las principales variables macroeconómicas, a mi entender, los hechos acontecidos a continuación justifican una fase específica con nombre y apellidos. La maquinaria leviatánica por regla general sigue un patrón de comportamiento retardado con respecto a la realidad, y no es hasta bien entrada la crisis cuando el Gobierno se da cuenta de que no le queda un puto céntimo en las arcas. Es ésta la fase de los dolorosísimos recortes de gasto social que supuestamente nunca ocurrirían. Recuerdo que antes de que todo esto sucediera, mi jefe y director del Centro de Estudios Económicos Nuez Moscada afirmaba que el negocio de la venta de humo al sector público mostraba un patrón de conducta contracíclica. Según él, a medida que avanzaba la crisis el Estado incrementaba su necesidad de encargar estudios y planes de acción. Sí claro. Supongo que a estas alturas ya se habrá dado cuenta que los inflados presupuestos para estudios ornamentales y los planes estratégicos de inclusión social venían comprometidos de los tiempos de vacas gordas, y que cuando hay que actuar frente a una crisis, la única hoja de ruta que se sigue es el del rédito electoral (fase financiera) o la obediencia al FMI y la UE (fase presupuestaria). Durante esta fase también acontecen los supuestos ataques especulativos sobre la deuda española por parte de entidades financieras alemanas. La prensa, embriagada por los éxitos de la roja, se lanza a una incondicional defensa de los valores patrióticos y grita a los cuatro vientos la solvencia de la economía española y su sistema financiero. Tendremos mierda en nuestro país, pero que no vengan los alemanes a decirnos cuánta.

Fase social. El impacto social de la crisis siempre estuvo ahí y, como siempre, fueron los más vulnerables los que antes la padecieron. Sin embargo, es ahora cuando la prensa sale desesperada a la calle en busca de testimonios reales y consultas a catedráticos de sociología. ¿Por qué ahora sí y antes no? La crisis ha tocado finalmente a la generación mimada. Aquella que estaba llamada a efectuar el cambio definitivo hacia la modernidad. Los hijos del botellón, el low cost, el erasmus y el inter-rail. Los coleccionistas de idiomas, etiquetas de anís del mono y experiencias en el extranjero no han conseguido lo que se les había prometido, y ahora les van oir. A ellos (nosotros) sí se les (nos) escucha, porque son (somos) la generación engañada. La generación que ha invertido tantos esfuerzos en estudiar durísimo, y en lugar de un piso de soltero en el centro se ven condenados a vivir con los plastas de sus padres con treinta añazos. Una putada, ciertamente. El País saca su interminable serie de “(pre)parados” y se lanza una vez más a la recurrente estrategia de buscar y denominar a la generación perdida. La misma que hace apenas tres años se ponía el mundo por montera, y ahora se caga de miedo frente a la posibilidad de perder sus puestos de trabajo en los despachos, consultoras, estudios, gabinetes, talleres, y por supuesto … las redacciones de periódicos de gran tirada.



Puelto Jico (II)
septiembre 13, 2010, 4:04 am
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At the corner of Parc Lafontaine Park we heard the shouted slogans of a demonstration.

- Québec Libre!

- Québec Oui, Ottawa Non!

- Merde à la reine d’angleterre!

- Elizabeth go home!

The news papers had just announced the intention of Queen Elizabeth to visit Canada, a state visit planned for October.

- This is an ugly crowd, F. Let’s walk faster.

- No, it is a beautiful crowd.

- Why?

- Because they think they are Negroes, and that is the best feeling a man can have in this century

– Leonard Cohen,  “Beautiful Losers”. Vintage Books. New York-




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